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shakuhashi

Cellos

Cellos

Tuve la fortuna de conocer y de que tocara para mi en casa de unos amigos comunes uno de los cellistas mas excelsos de este planeta, Lluis Claret.

Su sonido es rotundo pero fragil, su arco acaricia las cuerdas pero a la vez les arrebata con poderío todo su esplendor, y no toca el cello, en realidad lo transforma en un sueño.

Te interpreta sin despeinarse una sonata de Schubert complicadísima, perfecta, y después, si le pides el preludio de la suite para cello solo del Pelucas Bach, se sonrie, la desnuda y te la enseña para que ya jamás se te olvide.

Y se me ocurrió comentarle lo sencilla que era la estructura de la melodía y del acompañamiento (términos que le provocaron la risa, mi ignorancia en solfeo es legendaria), pero le comenté que hacía décadas había visto en un teatro de Sevilla tocarla, en una adaptación para guitarra, a John Williams, y me había parecido que solo arpegiaba do, la menor, re menor, sol séptima... y poco más, mientras dibujaba arabescos imposibles alrededor de esa estructura, y me confirmó que sí, que era de una simplicidad estremecedora, pero precisamente por eso era tan difícil tantísima belleza, por su extraordinaria sencillez, que se mantiene a lo largo de las seis suites.

La he disfrutado en conciertos privados mas de una vez, porque cuando hago fotos para las portadas de los cedés, les pido a los músicos que interpreten de verdad y se olviden de mi.

Dirk Van Huyse, belga de la Bélgica, cellista magnífico que vive en Sevilla, publicó un doble cedé con las seis suites, y cuando estábamos en las sesiones de fotos, en mi jardín o en el suyo, me hacía gozar como un enano con las lamentaciones de su Domenico Montagnana de 1739, y era una maravilla, un privilegio.

Comentamos también el tema sobre el que el Sordo desarrolla su concierto de violín, y de como de esa parida de melodía infantil ese monstruo pudo regalarnos ese concierto, prodigio de irrepetible hermosura. Y prodigio de sentido del humor... le comenté que me hacía mucha gracia imaginarme a los serios profesores con sus pajaritas y sus fracs, tocando esa divertidísimas variaciones, como ocurre también con el Triple Concierto, también del Sordo de Bonn, donde los instrumentos solistas se persiguen mientras la orquesta los achucha y los jalea.

¡Y estaba de acuerdo!... También a él le parece Beethoven un cachondo, pero no es cuestión de demostrarlo en el apretado ambiente de la música clásica... aunque su colega Yo Yo Ma si  lo haga, habitualmente.

Los cellistas que conozco, músicos de mucho nivel, son los primeros que reconocen cómo se abusa de su instrumento cuando por ejemplo se quiere añadir dramatismo o tensión en una película, pero los que somos menos exigentes, solemos dejarnos arrastrar por esas perversas y aviesas intenciones de los autores, porque es que el cello es un instrumento maravilloso, del derecho y del revés, tanto si es un grupo de heavy, como Apocaliptyca, que no veas la caña y el pollo que montan con cuatro cellos, como si es Mark Summers, usando un cello para tocar jazz con el Cuarteto de la Isla de las Tortugas.

Lo que pasa es que dedicarse a eso tiene sus inconvenientes. Por ejemplo el tamaño del bicho que tocan.

Dirck tien en su casa una habitación donde viven los cellos (su esposa Nonna también es cellista, y de las buenas, de la escuela rusa) y cuando cualquiera de ellos viaja en avión o en tren tienen que sacar dos billetes, uno para ellos y otro para el cello.

Normalmente se lamentan y se preguntan porque al escoger instrumento no pensaron en las castañuelas, la armónica o el triángulo.

Pero, para nuestros disfrutes, eligieron bien, eligieron las cuatro gordonchas cuerdas del violonchelo.

Voy a ver si encuentro tiempo y monto uno de esos vídeos chorras con fotos y mezclo sonidos antagónicos pero siempre de cellos. Queda pendiente.

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2 comentarios

toi -

esa es la armonización que le escuché a John Williams y que toca mucha gente, como Alex de Grassi.
Muy buena la descripción, voz de Gandalf....
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jesús Beades -

El cello tiene una voz noble de hombre joven, pero con nostalgia de siglos, como un mago de edad indefinible. Las suites de Bach son una joya, en la que parece haber acompañamiento -aunque no lo haya. Precisamente por eso, Andrés Segovia pudo armonizar para guitarra uno de los preludios.
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